La felicidad no es una meta… es un subproducto de una vida bien vivida.

Eleanor Roosevelt

Llevamos siglos buscando la fórmula mágica de cómo encontrar la felicidad, Pero ¿Habrá alguien sobre la tierra capaz de encontrar respuesta?  la felicidad puede describirse como una serie de pensamientos sobre nuestras emociones que nos producen un bienestar interior, profundo y duradero. Siguiendo esta definición podemos decir, que algunas personas dicen que se alberga en el abrazo de los que más queremos, otras en lo bien que nos sentimos de salud, algunos pueden vincularla con los logros personales que adquirimos a lo largo de la vida, incluso hay quienes piensan que está en las riquezas materiales. Según Aristóteles, la felicidad es el objetivo que todos los seres humanos buscamos; el mayor de los deseos de la vida; pero hemos utilizado esta definición de manera errante, al sentenciarnos que si no conseguimos ese gran logro no tendremos una vida que goce de dicha. Es posible que en varias oportunidades estemos elevando nuestra autocritica y al no sentirnos satisfechos con lo que hemos conseguido, se vuelva un dolor de cabeza a largo plazo. Así que la primera invitación es que no importa la meta o los objetivos que te plantees para ser feliz, evita comparar tu proceso con los demás, pues si el vecino es feliz con su adquisición material, tú podrás ser feliz con algo completamente distinto.

Si bien, no existe exactitud o manual para ser felices, si tenemos evidencia científica de parte de varios investigadores como el Doctor Mario Alonso Puig que resalta, el hecho que más allá de llegar a la meta, lo hermoso de este camino es el propio camino. ¿Qué? Sí, no te focalices en la meta, focalízate en la persona que debes convertirte para alcanzarla.

La Universidad de Harvard se ha dedicado a estudiar la felicidad desde el año 1938 y en una de sus investigaciones con 268 personas, publicada en un libro de George Vaillant en el año 2012, demostró con hallazgos claros lo que nos hace más felices.

Lo primero que encontraron fue el amor en su máxima expresión. Tanto el que das a otros, como el que te das a ti. Nuestro cerebro segrega hormonas naturales, la oxitocina, la dopamina, la endorfina y la serotonina entre otras; la primera está muy relacionada con el amor, si nos encargamos de alimentar su flujo, va a ser más fácil mantenernos felices. Y algo muy importante, es la manera en la que te tratas cuando todo va mal. También está bien estar mal. William James un psicólogo estadounidense decía “Es la forma de hablarte cuando te caes, la que determina si te has caído en un bucle o en una tumba”.

El segundo hallazgo está en la construcción de tus relaciones, no importa si es con tu familia, pareja, amigos, compañeros de trabajo, tener relaciones sociales y disponernos a abrir nuestro corazón a otros, nos da un lugar importante en la sociedad y nos vincula con el amor. No se trata de muchos amigos, así como la canción de Erasmo Carlos y Roberto Carlos “yo quiero tener un millón de amigos” se trata de construir pocas, pero fortalecidas relaciones. Serán tu red y reducirán sustancialmente los niveles de estrés.

Otro de las situaciones encontradas tiene que ver con el exceso, alcohol, drogas, compras, redes sociales y entro otros, que a largo plazo se convierten en malos hábitos que afectan tu cuerpo y tu mente de manera conjunta y que además están muy relacionados con enfermedades mentales como la depresión y la ansiedad. Plantéate rutinas saludables, has de los ambientes donde vayas a estar una experiencia maravillosa, activa tu cuerpo con ejercicio, consume alimentos ricos en vitaminas y duerme bien.

El último de los resultados estuvo relacionado con el flujo de pensamientos que llegan a tu día. Tus deseos y la realidad que vives deben estar alineados y debes dejarlos fluir. Martin Seligman experto en psicología positiva, en varios de sus libros, afirma que dejemos de pelearnos con la vida. Ser positivo no es repetirse que linda es mi vida, cuando en realidad no la estoy pasando bien y carezco de algo. Ser positivo es recuperar mi unidad, reconocer mi realidad y encontrar en ella puntos a favor, mejorar con pequeños pasos situaciones que no me gustan o que debo mejorar, alejar lo que me es tóxico y pensar que siempre tengo algo a favor que me hace diferentes a otros. Créeme, siempre hay algo que te hace único, tu tarea es encontrarlo.

 

Jenny Paola Peña Hernández

Psicóloga

Asesora familiar de duelo